
Escrito por Joselina Berraz Montyn
Cuando hice los cursos de capacitación del Radisson SAS en Dublín, descubrí mi afición por las empresas. Y no es que yo fuese a ser más que una simple supervisora, pero sí, que se me estaban dando las herramientas para que fuera yo quien decidiese hasta donde quería llegar.
Podría escribir todo un día sobre lo que aquellos cursos significaron para mi, pero basta con decir que me redescubrí a mi misma, con potencialidades y gustos que hasta entonces desconocía. Pero resumiendo, y para que esto no sea el libro de mi vida, les señalo los que yo entiendo son los puntos más destacados y jugosos de la capacitación:
- Descubre potencialidades, generando nuevo RRHH.
- Motiva a los empleados
- Ayuda a internalizar los valores y la filosofía de la empresa
- Convierte a los empleados en alumnos de la propia empresa, despertando nuevos y más fuertes lazos afectivos.
Todo esto puede sin embargo, transformarse simplemente en una pérdida de tiempo y esfuerzos (sin contabilizar el capital que será seguramente el que más sufrirá) si no hay una visión clara del recurso humano del que se alimenta la empresa. No habrá Capacitación positiva si no hubo previa y correcta selección de personal, estudio y evaluación de los recursos y selección de un plan adecuado a nuestras necesidades y a las del RRHH. La capacitación es la herramienta de los empresarios con visión de futuro, los que desde el principio han elegido un personal con proyección y con intereses afines al de su empresa. Lo que prevén los cambios y se anticipan a ellos, quienes consideran la flexibilidad de la propia empresa y la explotan. Quienes apuestan al crecimiento y al cambio.
En cambio, quienes vean en la capacitación un favor a los empleados, una moda o un imperativo de los tiempos actuales, sólo derrocharán capital en cursos y programas que nadie aprovechará y en el mejor de los casos, abrirán a algún empleado desmotivado una puerta de salida hacia otra empresa. La capacitación es, como les decía, una herramienta y como tal, es neutral y del uso que se haga de ella dependerá su verdadero valor.
Es como el abono para la tierra, cuando se aplica en el lugar inadecuado, sólo será un derroche de esfuerzos y capitales. Luego señores y como siempre, todo será cuestión de recoger la siembra; quien se haya preocupado por estudiar su tierra y abonar la variedad de semillas en ella diseminadas, al final del ciclo, seguramente se llevará muchas sorpresas favorables. Los que no, en cambio, se privarán a sí mismo de conocer las bondades de las tierras tan generosas que abundan en Argentina, como así también, de enriquecerse no sólo “gracias” a ellas, sino y aún mucho más interesante “junto” a ellas.

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